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Aunque Lucas no desarrolla esta temática en el
relato de Pentecostés, seguramente conocía esta
tradición y es probable que haya querido asociar el
don del Espíritu enviado por Cristo resucitado al
don de la Ley recibido en el Sinaí. En la comunidad
de Qumrán, contemporánea a Jesús, por ejemplo,
Pentecostés había llegado a ser la fiesta de la
Nueva Alianza que aseguraba la efusión del Espíritu
de Dios al nuevo pueblo purificado (cf. Jer
31,31-34; Ez 36).
PENTECOSTÉS
es la celebración del amor porque “el amor ha
sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu
Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,5) y “el fruto
del Espíritu es amor” (Gal 5,22). Hoy celebramos
todas las expresiones humanas de amor y de justicia,
de paz y de fraternidad.
PENTECOSTÉS
es la celebración de la purificación por la
que el hombre es perdonado y recreado como “nueva
creatura” (Jn 20,22-23)
PENTECOSTÉS
es la celebración de los carismas y, por
tanto, la celebración de la diversidad en la vida de
la Iglesia y de los dones divinos que hacen viva y
dinámica la comunidad cristiana.
PENTECOSTÉS
es la celebración del universalismo y, por
tanto, la celebración de la capacidad de la Iglesia
para anunciar y encarnar el evangelio en todas las
culturas y por luchar para destruir los egoísmos
étnicos y raciales. Celebramos que el Espíritu
“sopla donde quiere” (Jn 3, 8), obra en todas
partes, dentro y fuera de la Iglesia, sin
exclusivismos ni rigideces, sin exclusiones ni
prejuicios.
PENTECOSTÉS
es la celebración de la libertad porque
“donde está el Espíritu del Señor está la libertad”
(2 Cor 3,17). Es la fiesta de los hijos de Dios, de
los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios (cf.
Rom 8,14) para vivir en el amor, la plenitud de la
libertad. Es la fiesta del Espíritu que guía el
corazón del hombre más allá y con mayor eficacia que
cualquier ley y cualquier norma, porque “la letra
mata, mientras el Espíritu da vida” (2 Cor 3,6).
Comisión de Catequesis y Biblia
Oruro - Bolivia
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